El glamour y yo

Ayer domingo iba yo a tener una presentación de dos libros que, dada la tan llevada y traída “nueva realidad”, no iba a ser en vivo, sino transmitida en línea. Yo no sé a ustedes, pero a mí casi siempre me salen las cosas chuecas y esta ocasión no tenía por qué ser diferente. El sábado por la noche me fui a dormir temprano, pero mis vecinos de al lado tuvieron una fiesta y se la pasaron brindando y cantando rolas de Zoe hasta la madrugada. Sería exagerado decir que logré dormir tres horas. Al otro día amanecí con ojeras de lémur. Poco antes del evento, fui con mi peluquero para que me alaciara el pelo. Pongamos que se llama Jairo Gael. Cuando Jairo Gael vio la cara que traía, no pudo reprimir un gesto de misericordia. Antes de continuar, tengo que contarles que Jairo Gael, unos años atrás, hizo un proceso de transición para cambiar su identidad masculina a femenina, pero pasado el tiempo, no sé por qué razón se arrepintió y optó por volver a ser hombre. Además de ser peluquero y maquillista, trabaja en un club nocturno en donde imita a una popular cantante mexicana llamada Edith Márquez. Como es natural, para ofrecer sus shows, Jairo Gael se disfraza de Edith con esmero rayano en arte conceptual. Se pone una peluca azabache, pupilentes color miel, pestañas kilométricas, uñas stiletto, corsé, medias de red, altísimas zapatillas, vestidos de satén con visos dorados, capas y más capas de maquillaje, coloretes de diversas tonalidades y lápices labiales ultra fulgurantes. Jairo Gael simplemente no podía creer que yo fuera a estar en mi presentación con cara de lémur, así que me persuadió para que me dejara maquillar ligeramente y disimular un poco las interminables imperfecciones de mi cara. Yo tenía el tiempo contado, pero él me aseguró que aquello era cuestión de ocho minutos. Todavía no sé por qué le dije que sí, si sabía bien que no tenía sentido. La cuestión es que Jairo Gael reclinó mi silla, me hizo cerrar los ojos y se arrancó embadurnándome de pomadas, ungüentos, aceites, potingues y mixturas; yo nada más sentía lápices y brochas ir venir por mi frente, mi nariz, mis cachetes y aquello me iba dejando cada vez más nerviosa; me puso yo no sé cuántas sombras en los ojos y, para rematar, me pegó unas pestañas postizas y me pasó un pincel pegajoso por los labios una y otra vez. Luego dijo “listo” con voz de orgullosísimo artista frente a su creación. Cuando abrí los ojos, lo primero que vi fue el reloj: 12:45; mi cita frente a la pantalla era a la una en punto, así que en lo único que pensé fue en echar a correr a mi casa. Cuando llegué, me miré en el espejo y tuve ganas de llorar. Me había dejado justo como si le hubiera dicho que yo también quería imitar a Edith Márquez en un show nocturno. Sólo me dio tiempo de arrancarme las pestañas y ponerme unos lentes para disimular antes de empezar con la presentación. Ni bien terminé, fui al lavabo a enjuagarme la cara, el agua salía pintada de terracota y fucsia. Al final, no me quedó más que reírme de mí el resto de la tarde. Yo sé que Jairo Gael quiso hacerme un bien, no me cabe duda. Lo que pasa es que estamos acostumbrados a pensar que lo que funciona en nuestro mundo, funciona en cualquier otro. Siempre tuve claro que el glamour y yo no nos caemos bien, lo que nunca calculé es que de pronto la gente glamurosa puede ser un riesgo para los seres despistados como yo. Que nunca les pase, queridas, queridos míos.

Comentarios

  1. jaaaaaaaaaaaaaaaajajajajajajajajajajaja! me imaginé todo, desde el Jairo dándolo todo, hasta tu esfuerzo por ocultar tu horror, mientras le pagassssss! Me ha pasado, y es que hay una ley que nos rige a muchos mortales, de que no podemos interrumpir al artista peluquero-maquillista, por más que veamos que va hacia el desastre!

    ResponderBorrar
  2. Jajajja ahora entiendo por qué tenías la mano en el mentón todo el tiempo ��

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. ouch!, eso me pasa por ser anti glamurosa jajaja

      Borrar
    2. Yo te vi en la presentación y lucías espléndida. Leerte en esa cotidianidad...sentir tu prisa, el nerviosismo ... todo se va sintiendo, lo transmites. Repito: Qué disfrute leerte!

      Borrar
  3. jajaaaa, buena idea improvisar con lentes, Claudia. Siempre hay maneras insospechadas de perder el estilo rampando por ahí, pero eso del artista de la imagen es todo un clásico; secundo el comentario de que no se le interrumpe por complicidad con su sapiencia y entusiasmo, aunque intuyamos que sus saberes no necesariamente les sentarán bien a nuestras creencias, pero el entusiasmo es un garbanzo de a libra. Una vez me pidieron que fuera modelo de una maquillista para un concurso y no me gustó el resultado, me vi muy típica y de ojos chirris, pero igual me lo dejé toda la tarde, para variar, y cuando llegó mi novio punk, me dice: Oh. Te pareces a mis hermanas.

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Exacto! si la chispa del entusiasmo se enciende, nadie querría cometer el pecado de apagarla jajajjaja. No entiendo qué habrá hecho esa maquillista para lograr que los ojos se te vieran chirris, quizá tenía nociones de prestidigitación. Qué amable manera de tu novio para decirte que tu singularidad había quedado momentáneamente eclipsada por el maquillaje jajajaja.

      Borrar
  4. Algunos de nosotros aun tenemos fe por el interior, asi es que no nos importa el exterior. Sin embargo, de todos modos, no se puede negar el esterior, o sea, de la vista. A menos que resulte que no mas tengamos la vista. Pues, muy sutil. Al menos hay quye seguir acomodando la proporcion, verdad?

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Yo también soy de los que tienen más fe por el interior, y mientras más pasan los años, más me afianzo en esa posición :)

      Borrar
  5. Lucías muy guapa, ni por asomo hubiera pensado que tuviste una estilístics odisea matutina, tu presentación fue muy buena... No fue de principiante.

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Gracias, Gil, eres un groso. Salúdame a Trapo, por favor (me encantó ese nombre)!!

      Borrar
  6. No bueno, que texto tan divertido, te vi en la presentación, tú muy sobria y puntual, como debía ser ante tal circunstancia, no me hubiera imaginado ese ritual previo, inesperado y caótico a cuenta de Jairo Daniel, llenando de pinceladas tu rostro y cabello tal cual artista de la apocalipsis. Alguien te hubiera dicho que la trasmisión se iba a retrasar media hora, pues de haberlo sabido, probablemente le hubieras dicho al artista, con mucho tacto: ¿podrías dejarme como estaba?

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Jajajajaja, artista del apocalipsis, hay que tener cuidado cuando se cruzan en nuestro camino :)

      Borrar
  7. Lo valioso es es fondo, no la forma.

    Excelente relato.

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Entradas populares